La educación, un proceso de interacción

La educación, proceso trascendente en la historia de la humanidad, ha significado un baluarte para las generaciones en favor del desarrollo cultural y social del individuo. Durante el florecimiento de las principales civilizaciones mesoamericanas –como la teotihuacana, la maya y la mexica– se concebía la misión de formar al ser humano en los ámbitos educativo, social, científico y militar. En instituciones como el Telpochcalli se impartía instrucción básica a niños y jóvenes, no sólo en ciencias y artes, sino también en diversas actividades que contribuían a su bienestar integral. En el Cuicacalli, a través del arte, se cultivaba la fuerza espiritual, y en el Calmecac se formaban guerreros, sacerdotes y dirigentes.

La historia da muestra de su legado cultural en cuanto a organización, administración y orden, elementos que, en educación, sirven de sustento para la planeación y la rendición de cuentas sobre lo que el individuo debe aprender y cómo debe aprehenderlo, desde el marco de las relaciones sociales.

Durante el siglo XIX surge en Francia y Alemania la sociología. Émile Durkheim da origen a la sociología de la educación, a la que denomina Ciencias de la Educación. Durkheim analiza la función de la educación dentro de la sociedad y la concibe como un hecho social; para él, la función de la educación consiste en “socializar al ser humano, es decir, moldear al ser asocial que somos naturalmente para conformar otro nuevo, social y moral. Es la sociedad la que nos humaniza a través de la acción educativa”.

En el pasado, prevalecían otros órdenes sociales; ejemplo de ello es la época de la Colonia, en la que la mezcla de clases sociales dio lugar nuevamente –como en otros periodos históricos– a matices diferenciados en raza, color y posición social, predominando la discriminación debido a la falta de comunicación y de lazos de unión entre los distintos grupos. Las interacciones sociales se practicaban únicamente entre quienes ostentaban un grado elevado de cultura y educación.

En el México actual, a partir de la Constitución Política de 1824 y hasta nuestros días, el artículo 3.º ha sido modificado por el Congreso; en él se establece la obligación del Estado de impartir una educación que desarrolle armónicamente todas las facultades del ser humano y fomente, a la vez, el amor a la Patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.

La educación es el factor primordial para lograr que el individuo consolide los valores que la Carta Magna promueve; a ella le corresponde facilitar el acceso, a través de la comunicación, la convivencia, la participación y la democracia, a todos los mexicanos.

La participación de los padres de familia en la educación es prioritaria para lograr la vinculación escuela-comunidad, así como la necesidad de involucrar a la sociedad en general para favorecer el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Santiago Molina García define la interacción como “las relaciones que ejercen unas personas sobre otras, cuando forman un grupo social”; relaciones que parten de la convivencia, la comunicación, el lenguaje, las tradiciones, las costumbres y las formas de organización y de vida.

La colaboración mutua se ha visto favorecida con el fortalecimiento de las asociaciones de padres de familia, cuya labor ha enriquecido el trabajo de gestión en beneficio de los centros escolares, para posteriormente participar de manera activa en la mejora del proceso de enseñanza-aprendizaje.

En las últimas décadas del siglo XX y en lo que va del presente, en nuestro país, la educación ha transitado por distintos procesos económicos, políticos y sociales, los cuales han influido en los resultados que obtienen los estudiantes de educación básica, así como en la reflexión sobre el quehacer que corresponde a cada individuo desde su ámbito de acción: escuela, familia y sociedad.

Una de las estrategias para lograr la vinculación escuela-comunidad son los programas de apoyo que crean los municipios y el Estado. Rafael Ramírez, desde la Escuela Rural, señalaba que el profesor era reconocido por su apostolado y que la sociedad o comunidad desempeñaba un papel activo en la mejora de las condiciones de la institución y, en general, en el desarrollo cultural, social, económico y educativo de sus habitantes.

En la actualidad, cabe reflexionar sobre diversas interrogantes: ¿cómo lograr la interacción entre la escuela y la comunidad para obtener mejores resultados en el aprendizaje de los alumnos?, ¿qué relación se establece entre las expectativas de los padres y los propósitos educativos de la escuela?, ¿qué estrategias pueden innovarse en la práctica para involucrar a los padres de familia en el proceso educativo?, ¿cómo hacer más accesible la vinculación entre la escuela y la comunidad?, ¿influyen las condiciones socioeconómicas del entorno en los resultados académicos de la escuela?

La falta de vinculación entre la realidad social y el aprendizaje, así como entre un nivel educativo y otro, y la carencia de estrategias para motivar y optimizar el proceso de enseñanza-aprendizaje, son temas relacionados con la pedagogía, la psicología y la sociología, ya que son áreas que convergen en el aprendizaje, el comportamiento y la articulación social del individuo.

El psicólogo alemán Kurt Lewin (1890-1947), quien fortaleció el trabajo en empresas, instituciones sociales y, principalmente, en el ámbito educativo –donde su aplicación fue relevante en la integración, el trabajo y la comunicación de grupos, así como en el logro de la sinergia grupal–, expresó:  “la interacción social es un término que hace referencia a un comportamiento de comunicación global de sujetos relacionados entre sí. Las formas de la interacción social están marcadas por la historia y sujetas a un cambio permanente”.

En conclusión, la relevancia de involucrar a la sociedad radica en confirmar la importancia del acercamiento entre los individuos en relación con la adquisición del aprendizaje. La educación, por tanto, es un hecho social que posee su propio proceso en un tiempo y espacio determinados, y se vincula con los aspectos económico, político y sociocultural, los cuales determinan las condiciones educativas de los distintos centros escolares.

En los seres humanos se manifiestan debilidades y fortalezas; en la escuela, sus agentes reflejan el resultado de sus circunstancias. Por ello, entre docentes, comunidad e instituciones, se encuentran personas propositivas, asertivas y también negativas.

Las instituciones de apoyo, los padres de familia y las autoridades son imprescindibles en el desarrollo educativo. La comunicación entre ellos es básica; si alguno no cumple con los parámetros de educabilidad para la formación de los estudiantes, ello se refleja en los resultados de las evaluaciones aplicadas por instituciones internas y externas para valorar el logro de los aprendizajes.

La educación es un proceso de interacción social relevante y complejo, en el que todos estamos involucrados.

Celia Durán Terrazas
Secretaria de Organización del CDE del PRI Querétaro


Publicación de divulgación, correspondiente al primer trimestre del ejercicio fiscal 2025.

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