La Revolución Mexicana: acontecimiento armado de lucha por el poder

“Para servir a la Patria, nunca sobra el que llega ni falta el que se va.”
Venustiano Carranza

Los antecedentes de la Revolución Mexicana se ubican en el Porfiriato, periodo que se caracterizó por la dictadura de Porfirio Díaz. Fue un movimiento que generó grandes cambios en el país.

En la obra México bárbaro, escrita por John Kenneth Turner en 1909, se dio a conocer la esclavitud humana que se practicaba durante el gobierno de Díaz, así como la persecución de la que eran víctimas los mexicanos que se enfrentaban a él. La esclavitud y el peonaje en México, la pobreza y la ignorancia eran características de su gobierno; el peón no tenía nada.

La Revolución Mexicana fue una de las más largas y sangrientas revoluciones de Latinoamérica. En esta etapa armada hubo, en promedio, un millón de muertos y exiliados. Asimismo, la Revolución Mexicana destruyó la economía y parte del país.

Durante la Revolución Mexicana, bajo el liderazgo de Francisco I. Madero, Francisco Villa, Emiliano Zapata y Venustiano Carranza, entre los más emblemáticos, se luchó contra el latifundio y la prolongada dictadura de Porfirio Díaz, quien, bajo el lema de “Orden y Progreso”, desarrolló industrialmente al país; sin embargo, en contraparte, aumentaron las desigualdades sociales y la falta de libertades políticas durante más de treinta años.

El fruto de la Revolución Mexicana fue la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. México debía cambiar; sin embargo, no hemos logrado consolidar plenamente los ideales de paz política y social que deben prevalecer entre los seres humanos. Los mexicanos tenemos la mala costumbre histórica, heredada de generación en generación, de atacarnos cuando deberíamos unirnos por el progreso y la paz de la sociedad.

En el libro El príncipe, Nicolás Maquiavelo expone que las conductas y acciones no responden a la moral, sino a las leyes del poder. Recordemos que cuando se nombró emperador a Agustín de Iturbide, al día siguiente aquellos que pelearon a su lado ya estaban en su contra.

Nuestro primer presidente, Guadalupe Victoria, encontró a su peor enemigo en su vicepresidente, Vicente Guerrero, quien, al llegar a la Presidencia, vivió lo mismo con su vicepresidente Anastasio Bustamante. Y así podemos mencionar hechos y personajes hasta llegar al momento de la Revolución Mexicana, en la que todos nuestros “héroes” se destruyeron entre sí.

México siempre se ha caracterizado por su lucha por el poder. El proyecto de Vicente Guerrero era quitar el poder a Guadalupe Victoria; el de Santa Anna, quitar al que estuviera; el de Benito Juárez, quitar a Santa Anna; y el de Díaz, quitar a Juárez. El de Francisco I. Madero fue hacer a un lado a Porfirio Díaz; y el de Obregón, quitar a Carranza.

En la actualidad vivimos hechos similares en el país: la lucha entre los partidos políticos y al interior de los mismos. Pero, peor aún, vivimos una lucha constante en las familias, los hogares y las comunidades: la lucha del más fuerte, sin importar que la familia y las sociedades se destruyan por el egoísmo, la falta de conciencia y la ambición.

El gobierno de Porfirio Díaz, como el de otros gobernantes, ha sido juzgado de diferentes maneras. Lo cierto es que en cada administración se han tomado decisiones que han cambiado la vida política, social, cultural y económica de México, de sus estados, municipios y comunidades.

Hoy, a 115 años del movimiento revolucionario, esta es nuestra historia. ¿Podremos algún día celebrar la paz social y política de México? Probablemente sí, si actuamos con conciencia: no abusando de los débiles y no destruyéndonos entre nosotros.

Los mexicanos somos únicos, capaces y poseedores de una singular inteligencia, pero nos falta utilizarla para el bienestar de todos. Hagamos revolución, pero no con armas que causen daño a otros, sino con el arma de la inteligencia, el respeto, la tolerancia y el estudio, para lograr un cambio de actitud, primero con nosotros mismos y luego hacia el exterior.

Dominemos nuestras emociones, es decir, apliquemos el autocontrol para actuar de forma correcta y ecuánime ante las personas, los hechos y las circunstancias que enfrentamos cotidianamente, entendiendo que a cada acto, bueno o malo, siempre habrá una consecuencia.

En este siglo XXI estamos viviendo modelos de maldad que ya existían, pero que ahora son más crueles. Estamos perdiendo la sensibilidad ante el dolor humano. Cada día existe más violencia como resultado de la envidia, el egoísmo, la ambición, la intolerancia y el deseo de poder.

No hay revolución sin un cambio de actitud que se refleje en nuestro actuar diario. Hacemos revolución cuando hacemos bien las cosas. Todos tenemos en nuestras manos el poder de decidir cómo queremos vivir. Promovamos la paz en nuestros hogares, escuelas y comunidades.

No olvidemos, por más doloroso que sea, que los delincuentes tienen nombre y apellido, además de un hogar, unos padres y una familia. Para lograr la paz hay que tener valor y aceptar las diferencias.

Celia Durán Terrazas
Secretaria de Organización del CDE del PRI Querétaro


Publicación de divulgación, correspondiente al tercer trimestre del ejercicio fiscal 2025.

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